Posteado por: Miss Curiosity | 8 septiembre, 2010

Que-te-mueras.

 Lo dicho, muérete. Te odio y no quiero cruzarme más contigo por la calle. Me has hecho daño, me has hecho sentirme como una mierda, me has hecho disculparme, arrepentirme, ¡darte ánimos! ¿Y para qué? Para que me trates como la mierda, me hagas sentir aún peor y que encima de todo me sienta RIDÍCULA.

Porque nadie es mejor que tú, está claro, y por un puto error que cometí en mi vida y aunque haya deseando mil y una vez no haberos conocido a ninguno de los dos y no joder vuestra reláción de cuento de hadas no me merezco que me hables de esa manera. Porque ni tienes la edad, ni la madurez, ni NADA para hacerme sentir así.

¿Pero qué te has creído, niñata de mierdaa? Que joder tía, si no te importa una mierda que te pida disculpas pues pasa de míiiii vale? Pero que tampoco hace falta que me tires por los suelos y que luego encima te vayas a hacerte la víctima y le digas a él que me diga que te deje en paz. ¿PERDONAAA? Eres tú la que no me ha dejado vivir durante un año y medio, ysi no te hago la vida imposible es porque me das PENA, estúpida. Y además te atreves a decir que estoy obsesionada contigo, ¡OBSESIONADÍSIMA! Estoy tan obsesionada contigo que hasta hago guardias en tu casa para ver a qué horas sales y así poder saber más de ti, GILIPOLLAS.

Que te den por donde menos te quepa, guapa, que si alguna vez he sentido algún respeto por ti ya se ha esfumado. Pero a mí no me jodes más la vida, que lo sepas. Ninguno de vosotros.

Posteado por: Miss Curiosity | 24 agosto, 2010

Se acabó.

No hay nadie en este mundo que me hiciera tanto daño. Fui tonta, no lo niego, me llegaste a convencer.

Y vienes y me mientes mientras vamos de la mano. Seguro estás pensando que me tienes a tus pies.


Gracias por hacerme olvidar esos malos momentos, por ayudarme en todo. Nunca volverá a pasar.

No digas que me extrañas por que no te creo nada.
Yo sé que tu actitud es tu más grande estupidez.



Posteado por: Miss Curiosity | 12 julio, 2010

No es fácil.

Sabes que sonríes porque no tienes valor.

No me digas que lo sientes.
Lo que hiciste no va a cambiar, debiste pensar en mí cuando te tocaba.

No me digas que lo sientes.
Yo me encargo de olvidarte, un par de lágrimas y ya no estarás.

No me digas que lo sientes.


No es fácil cuando se acerca el día en el que hace exactamente un año lo perdiste todo. No es fácil escribir esto en contra de alguna parte de mi mente que piensa que no servirá para nada. No es fácil dar consejos a los demás sobre la importancia de desahogarse para olvidar.

No. No fue fácil ni será fácil. No sé si muchas personas  sabrán lo que es vivir una caída tras otra, un levantarse y caer, caer incluso cuando pensabas que no volvería a pasarte después de tanto tiempo en pie. Puede que una vez duela, y que duela como nunca nada te dolió. Dos son demasiado. Tres, prefiero no preguntármelo.

No es fácil levantarse tras una caída, pero lo que no es nada fácil es volver a levantarse cuando vuelves a sufrir la misma caída. Cuando te caes duele, sí, pero deja de dolerte con el tiempo, dependiendo de la profundidad de la herida. Vas curándote día a día: te pones vendas, cremas, te limpias bien la herida, te cuidan tus papás… Poco a poco se va cerrando. Pero un buen día te ilusionas y vas directa a aquella cuesta por la que te caíste la última vez y en la que tanto daño te hiciste, y piensas: “¡Esta vez no me caeré! ¡Esta vez será la definitiva!” Pero te caes.

Eso sí que duele. Te vuelves a hacer daño en el mismo sitio de la otra vez, las vendas se rompen, la herida vuelve a abrirse. Pasas de llorar de alegría ante la emoción de bajar la cuesta sin caerte de la bicicleta a llorar de dolor por haberte caído de nuevo. ¿Y qué haces? Desistes. Te quedas tirada en la cuesta, sangrando, pegando patadas al suelo con la pierna sana en señal de venganza.

Entonces vuelves a casa. Le dices a todo el mundo que nunca más volverás a intentar bajar la cuesta, que no quieres sufrir más. Que la cuesta parece cada vez más empinada, que cada vez tiene más baches… que es más difícil de bajar. Y haces pública tu decisión. Una brisa de orgullo te envuelve en ese momento y nada puede echarte ya atrás.

Pero sueñas noche tras noche con la cuesta. Sueñas con una cuesta apenas inclinada, lisa, fácil de bajar. Sueñas y sueñas, te sube la adrenalina, ¡te emocionas, te ilusionas! Entonces te preguntas si estaría bien volver a intentarlo. Pero sabes que no puedes.

Visitas la cuesta cada día: ya casi no se ve el final, es imposible bajar sin morir. Pero sigues soñando con una cuesta ideal. Y seguirás soñando hasta que asimiles que, por muy buena que sea tu bici y por muy protegida que vayas, te seguirás cayendo.

Miss Curiosity

Posteado por: Miss Curiosity | 16 junio, 2010

¡Por nosotros!

La muerte callada enseña más que la vida locuaz.

Algunos dicen que meterse en la carrera de medicina es lo más loco que han hecho en su vida. Puede que sea difícil, larga, antisocial y con un grado de responsabilidad muy alto. Pero nos gusta y por eso la hemos elegido.

Porque, ¿a quién no le gustaría aprenderse todos los nervios y arterias del cuerpo? ¿Quién no disfrutaría aprendiéndose todos esos síndromes con nombres que no los conocía ni su madre? Pues nosotros, quiénes si no.

Porque nos gusta, nos quejemos lo que nos quejemos, lloremos lo que no hemos llorado nunca la noche antes de un examen, critiquemos a los profesores como hobby más habitual. Y aunque salgamos un fin de semana cada cuatro, aunque estudiemos los sábados por la noche, aunque la biblioteca sea nuestra segunda casa, aunque nos pasemos en la universidad de 8.00 a 20.00 y aunque tengamos que seguir preocupándonos por nuestras medias aún después de haber pensando que el bachillerato sería el único así de estresante… Nos gusta.

Cuando terminé el curso el año pasado no lo tenía nada claro. Siempre había sabido que me gustaba la biología por encima de cualquier otra asignatura, pero… ¿médico? ¿YO? En la vida. Tantos años, tantos libracos, tan poca vida social… Ni hablar.

Pero aquí he acabado, movida por un impulso que ni yo misma sé de dónde ha salido. No ha sido un sueño que tuviera desde pequeña, no ha sido por presión de mis padres (aunque a qué padre no le gustaría que su niñita fuera médico “para poder curarles cuando sean mayores”). ¿Por qué fue entonces? Supongo que porque me gusta y ya está. Creo que es una carrera en la que no trabajas por dinero, sino porque te sientes bien ayudando a la gente. Y a mí me encanta ayudar a la gente. Es duro, pero creo que no me he equivocado.

Así que esta entrada va por todos los estudiantes de medicina del mundo, especialmente por los de primero, por el miedo que nos da pisar el hospital el año que viene. Con la bata, esos zapatos blancos tan feos y con la ilusión de hacerlo todo bien pero con el miedo de no estar a la altura. A mí personalmente me da pavor el año que viene. No me siento preparada emocionalmente para hablar con un paciente enfermo. Pero se hará lo que se pueda.

Un beso,

Miss Curiosity

Posteado por: Miss Curiosity | 4 junio, 2010

Lo que cuentan los autobuses

Seguro que alguna vez te has montado en un autobús, posiblemente más de una, incluso diariamente. Todos lo hemos hecho.

Hay veces que nos montamos acompañados y no nos fijamos en nadie más, pero cuando nos montamos solos, únicamente acompañados con nuestro reproductor de música, cansados ya de mirar todos los días el mismo paisaje por la ventanilla, empezamos a fijarnos en las personas que nos aocmpañan en el viaje.

Yo antes no lo hacía, no me importaba lo más mínimo. Un día nos dieron una charla sobre los pacientes, una charla que me hizo darme cuenta de que debía practicar antes de tirarme a la piscina. Y empecé a investigar a las personas.

Cogí a uno cualquiera, el primero que vi: una madre joven que acompañaba a su hijo a la escuela. Un niño adorable con unos ojos preciosos, todo hay que decirlo. Los observé durante la mayor parte del camino; se veía que eran muy felices y que, sobre todo, se querían con locura. Iban hablando y riendo durante todo el camino, hasta que llegaban a la última parada y se bajaban. Nunca pude averiguar a qué colegio iba el niño, siempre tomábamos caminos diferentes. La madre sí sé que trabaja en una librería, lo supe cuando me atendió en una de mis búsquedas literarias.

Un día de buenas a primeras se bajaron en la antepenúltima parada. ¿Por qué? Siguieron haciéndolo varios días hasta que les perdí el rastro. Al fin y al cabo no siempre tomo el autobús de las 8:00.

Como me gustó investigar sobre la vida de las personas del autobús, me fijé en un hombre que siempre iba vestido de chaqueta con un toque de informalidad, joven, de unos 30 años. Me llamó la atención porque lo pillé leyendo. Y siempre que veo a alguien leyendo, me gusta. Miré disimuladamente el libro que leía y me gustó aún más: Festín de cuervos, de la saga Canción de Hielo y Fuego. El cuarto. Yo aún no me he leído el primero entero, pero son unos libros de fantasía estupendos y me chocó mucho que lo estuviera leyendo un hombre de tal apariencia. Cuando se bajó del autobús, en la última parada, intenté seguir su camino. No pude, iba demasiado deprisa. ¿Llegaría tarde?

Otro día lo pillé leyendo un libro de Historia, parecía de texto. Barajé la posibilidad de que pudiera ser profesor de Historia en la facultad de letras o en cualquier otro instituto. Y me gustó. Desde ese momento siempre lo observo cuando coincidimos en el viaje, intento averiguar cosas nuevas de él. Pero siempre llega la última parada, se abre paso entre la gente para salir el primero por la puerta… y le pierdo el rastro.

Por último hablaré de una extraña pareja que me llama especialmente la atención: una estudiante de enfermería que hace prácticas en el hospital Puerta del Mar y un hombre de 30 y tantos que la acompaña. Llegué a la conclusión de que no era su padre, porque nunca se han dado un besito en la mejilla y ni siquiera vienen juntos. Quiero decir, ella llega a la parada y él ya está allí, entonces suben juntos. Las veces que los he escuchado, ella habla de sus exámenes, de los pacientes a los que ve, de sus prácticas… Pero él nunca habla de sí mismo. ¿Qué relación mantendrán? Me gustaría pensar que son amantes a escondidas de los padres de ella, que sólo se ven en aquella media hora de viaje y que luego esperan un día entero para volverse a ver. Que nunca han mostrado cariño por el otro más que un par de sonrisas por miedo a que la gente hable. ¿Pero qué diría la gente realmente? Seguramente si los conocieran ya estarían pensando mal al verlos juntos.

No lo sé, es algo que me queda por estudiar. Se bajan en la misma parada: ella entra en el hospital y él sigue hacia delante. ¿Hacia dónde irá? El autobús es más rápido que él para llegar a su destino, así que no creo que pueda averiguarlo.

Y eso es todo, las personas que más me han llamado la atención en mis viajes. Ahora al no tener clase viajo poco, pero ya seguiré contándoos.

Un beso,

Miss Curiosity

Posteado por: Miss Curiosity | 26 abril, 2010

La chica de las dos horas

Su compañero le colocó una tela alrededor que además de abrigarles por las noches también hacía las veces de socorrido vestido, manto tras el que desaparecer o, en aquel caso, de biombo.

La chica se desvistió con rapidez, deshaciéndose de los harapos que solían cubrirla, y se enfundó un vestido de color del salmón que ya se le iba quedando pequeño. Se abrochó la cremallera y colocó el tul del vestido bien derecho.

Mientras se vestía había estado pensando en aquel hombre alto que solía venir sobre esa hora, nunca acompañado de su familia ni de sus amigos, siempre solo. Ella se preguntaba continuamente qué haría allí, por qué se paraba a mirar la misma actuación todos los días cuando nadie miraba. Por qué era la única persona que se interesaba por aquel espectáculo, la única persona que no se dejaba llevar por el ajetreo de las calles del centro de la ciudad, que no se preocupaba por coger a tiempo el metro o llegar pronto a casa para atender a su familia. Ese hombre, sin embargo, parecía ajeno al mundo. Cada día estaba allí, a las 14.45 del mediodía, para ver la misma función de siempre.

No se dio cuenta ella de que su compañero acababa de quitar la tela que la cubría, así que se agachó y se ató las bailarinas con rapidez, enrollando las cintas rosadas alrededor de sus delgadas piernas. Levantó la miraba mientras se las calzaba, buscando aquellos ojos verdosos tan característicos. Y allí estaba, con la mirada fija en ella, sin mirar ni una sola vez al reloj, con las manos metidas en los bolsillos y apoyado ligeramente sobre una pierna. Podría haberse quedado mirándole durante toda la tarde, pero el sonido de un dedo presionando la tecla de un casette dio paso a la música y tuvo que apartar la mirada para empezar a bailar.

Lo veía en cada giro, en cada voltereta. Lo veía en su mente mientras danzaba al compás de la música, casi inconscientemente, siendo sus zapatos y ella una sola persona.

Fue entonces cuando la música comenzó a decrecer indicándole el final de la actuación. Se dirigió elegantemente hacia la caja de madera, se metió dentro y cerró la tapa con cuidado, con dulzura, como si fuera a dormirse allí dentro. Pudo oír algunos aplausos que sonaban a cortesía, pero pudo distinguir aquel toque de entusiasmo, aquella pizca de amor por el arte que venía escuchando en los últimos días.

Cuando salió de la caja lo encontró en el restaurante, como todos los días después de asistir a su función. Y allí se quedaba hasta las 16.45, exactamente dos horas más tarde.

Posteado por: Miss Curiosity | 24 abril, 2010

Ilusiones

No quiero seguir así. No quiero seguir insistiendo siempre con lo mismo, me siento pesada con mis amigos y conmigo en general. Siempre pienso lo mismo, sueño con lo mismo, hablo de lo mismo, lloro por lo mismo.

Lo recuerdo todo, cada minuto, cada lugar, cada palabra. Recuerdo cómo me hacías sentir…

No es bueno vivir de ilusiones, pero siento que desde aquel día 18 de julio es lo único que hago. Sueño con que todo vuelva a ser como antes, con que volvamos a querernos y nada más.

Sueño con ser feliz. Y, la verdad, no sé ya cómo conseguirlo. No quiero olvidarte, en el fondo sé que no quiero. Debería, lo sé, debería fijarme en otro chico y dejar de vivir del pasado, pero es que no puedo. Y no es sólo que no pueda, es que no quiero. En el fondo siempre seguirá esperándote en mi lado del sofá, como una tonta, sin vivir mi vida, sin disfrutar de las pequeñas cosas que tenía contigo.

Y lo siento, pero es que no puedo.

Miss Curiosity

Posteado por: Miss Curiosity | 29 marzo, 2010

Giros

Mi vida empieza a aburrirme, o, mejor dicho, continúa aburriéndome. No me pasa nada digno de mención, además de que el remolino de la rutina empieza a absorberme.

Parece mentira la rapidez con la que han cambiado las cosas. Hace casi un año exacto estaba tan rebosante de felicidad que no podía parar de sonreír ni un momento. A pesar de los rumores, los juegos, los peligros, las tonterías… Era feliz con ello, realmente. Quizá pecara de egoísta en aquellos días, pensando en mí y sólo en mí, y no negaré que todo ese egoísmo acabó por pasarme factura. Por una parte me arrepiento de todo lo que pasó, pero por otra me arrepiento de no haber seguido insistiendo porque sé que quizá lo hubiera acabado consiguiendo.

El porqué salto ahora con esto, no lo sé. Se supone que lo intentaba olvidar todo, pero a veces cuesta mirar al presente y olvidar el pasado, sobre todo cuando el presente no te ofrece nada. Llega un momento en el que pierdes la ilusión y las ganas por todo, que sólo quieres volver al pasado y arreglar lo que estropeaste para que tu felicidad duremás tiempo.

Estoy tardando más de lo que solía tardar en olvidar, y me resulta bastante extraño. ¿Dónde está el otro clavo? Simplemente no está para mí, sé que me falla algo que antes tenía y ahora no tengo, lo sé.

Como ya digo, me cansa mi vida. La misma gente, los mismos planes, los mismos propósitos y los mismos fracasos. Y se me han acabado las ideas para ponerle fin a esta angustia, pero sé que va para largo.

Un beso,

Miss Curiosity

Posteado por: Miss Curiosity | 17 marzo, 2010

Hunger games

Hoy vengo a hablar de un libro que me apasionó desde la primera página y a partir de ahí no pude dejar de leer. Si he tardado dos días y poco más ha sido porque no me he puesto a leer en mitad de las clases.

Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del “Capitolio”.
Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Sólo una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida.
Sus prinicipios se pondrán a prueba con “Los juegos del hambre”, espectáculo televisado que el Capitolio organiza para humillar a la población. Cada año, 2 representantes de cada distrito serán obligados a subsistir en un medio hostil y luchar a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente.
Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar, decidida a demostrar con su actitud firme y decidida, que aún en las situaciones más desesperadas hay lugar para el amor y el respeto.

Creo que es un libro con una trama muy original, con unos personajes diferentes que no caen en tópicos. Katniss es un personaje que me fascina totalmente, al igual que Rue o Peeta. Se podría decir que es un libro duro, pero no hasta el punto de ser desagradable. Hay muchas muertes, eso es obvio, pero cada una de ellas está relatada de una manera que te hace estremecer, además de que la escritora no cae en la rutina al describir tantas muertes.

Además de que el libro en sí es absolutamente genial por la trama, los personajes y la sucesión de acontecimientos, resulta demasiado adictivo para quien lo abre. No te aburre en ningún momento, no hay descripciones demasiado largas y pesadas. Además es algo que quieras que no sorprende, porque hay muchas escenas del libro en las que la protagonista se ve totalmente sola y se limita simplemente a sobrevivir. Esto daría mucho juego para escribir descripciones, tipos de plantas, de comida, de trucos de supervivencia… pero Suzanne Collins consigue no meter paja en la novela haciéndola totalmente amena y por ello fantástica.

Predecible realmente no es. A lo mejor es que cuando leo me meto tan de lleno en la historia que no me paro a pensar en lo que puede que suceda después, pero mirándolo desde fuera hay cosas que no te esperas.

La historia de amor es simplemente… ¿diferente? Supongo que esa es la palabra. No sé, no quiero contar nada, pero no es la típica historia de amor adolescente en la que siempre pasan las mismas cosas y en el mismo orden, que consisten en un chico guapo y una chica normalita o viceversa. Aquí es distinto.

Y bueno, después de todo el rollo la verdad es que lo recomiendo totalmente. Estoy deseando leerme la segunda parte (En llamas o Catching fires), que he leído varias críticas y parece que está incluso mejor que la primera. Y todos sabemos lo difícil que es que una segunda parte supere a una primera.

Un beso,

Miss Curiosity.

Posteado por: Miss Curiosity | 14 marzo, 2010

Miss Curiosity

Soy una chica curiosa de 18 años como otra cualquiera. Vivo en un sitio cualquiera y me gusta hacer lo que a cualquier chica de 18 años (o casi todo). Mi vida no es nada especial, mis amigos son gente normal -al menos la mayoría de ellos- y mi familia no es nada especial.

Aún así he querido empezar este blog y que me dure más de tres meses cómo mínimo, aunque aún no estoy muy familiarizada con el wordpress ni con todas las herramientas que tiene esto.

Y lo dejo ya, que las presentaciones no se me dan bien y quiero ponerme a investigar más este blog.

Un beso,

Miss Curiosity

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